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PARA ESTUDIAR LA ARQUITECTURA HAY QUE IR A LA CALLE Y OBSERVAR TODO

Estaba leyendo este articulo de una conferencia Roberto Segre* y me pareció interesante dejarla aquí para que la leáis. Acierta en muchas dinámicas sobre las que habla, muy en linea con problematicas de el estudiante universitario.

*Ofreció una conferencia en el Foro de Arquitectura que se lleva a cabo en la U de C y criticó los sistemas de enseñanza que se llevan a cabo en muchas universidades actuales


Para el renombrado historiador y crítico de la arquitectura Roberto Segre, formador de muchas generaciones de arquitectos, quien decida estudiar arquitectura “debe tener interés por el mundo físico que lo rodea. Los estudiantes, como decía Le Corbusier, lo que deben hacer es estar observando siempre la realidad”.

Actualmente, agregó en una entrevista, lo que las escuelas enseñan “son los aspectos teóricos, pero la arquitectura no se capta nada más estando sentados en un asiento del salón de clases. Hay que salir a la calle, observar una ventana, un dintel, una columna, un espacio; mirar la perspectiva, mirar la ciudad a las seis de la mañana, al mediodía, a las seis de la tarde, a las doce de la noche”.

Roberto Segre fue el conferencista principal que abrió las actividades del VI Foro de Historia y Crítica de la Arquitectura Mexicana, con una charla sobre sus experiencias con la computación gráfica y el uso del internet y de las tecnologías modernas en los estudios historiográficos.

Su conferencia, que se prolongó por más de hora y media, se tituló “La gráfica digital como instrumento de investigación en la historiografía urbano-arquitectónica”. Italiano de nacimiento, pero con nacionalidad argentina y con amplios períodos vividos en Cuba y ahora en Brasil, R. Segre es doctor en ciencias y artes y en planeamiento regional y urbano, y ha escrito, ente otros, los libros América Latina en su arquitectura, Historia de la arquitectura y del urbanismo y Las estructuras ambientales de América Latina

En su conferencia partió del supuesto, común a varios estudiosos, de que la historia es un proceso en renovación constante, y que cada generación crea su propio pasado en función, dijo, de la construcción del presente y con la intención de forjar un futuro. Por eso dio un largo recorrido a las formas en que se ha estudiado y enseñado la historia de la arquitectura.

Primero abordó un capítulo donde mostraba cómo durante mucho tiempo predominó en los estudios de la arquitectura la palabra escrita; después, con el descubrimiento de la perspectiva y luego de la fotografía y del cine, la hegemonía fue de la imagen impresa, en detrimento de la palabra. Ahora, dijo, es posible utilizar las computadoras, la Internet y los programas digitales no sólo para reconstruir cómo era y cómo fue evolucionando en el tiempo la arquitectura de las ciudades, sus casas, sus monumentos históricos, sus iglesias, y hasta su topografía, sino también para ubicar en el espacio, interrelacionados, todos los elementos físicos de una ciudad.

Roberto Segre mostró mapas en tercera dimensión de La Habana, en Cuba y de Río de Janeiro, Brasil, donde la gente puede ver qué tan cerca estaba un monumento de otro o cómo los sucesivos gobiernos fueron construyendo y destruyendo ciertas zonas de la ciudad. Ha desarrollado tanto esa técnica con sus alumnos brasileños, que incluso puede hacer y deshacer, piso por piso, los edificios emblemáticos de una ciudad para que los estudiantes se den una idea más clara de cómo se realiza un proyecto arquitectónico.

Porque para él, un alumno de arquitectura “debe captar y absorber lo bueno que tiene la realidad arquitectónica del lugar donde vive. Eso es fundamental, porque si el alumno está en la ciudad y no la mira, no la observa, cómo va a aprender. La arquitectura se aprende palpando, tocando, midiendo. Los alumnos de arquitectura deberían andar con un metro en el bolsillo, siempre calculando, porque la arquitectura son las proporciones. ¿Y cómo vas a aprender de proporciones si no mides las cosas?”.

Además, agregó, los alumnos deben dibujar, andar por la calle con su cuadernillo y dibujar los detalles arquitectónicos que les llamen la atención, porque “uno aprende, dijo, con la experiencia física, real. “Desgraciadamente en las universidades de hoy no se le da mucho impulso a esto. Lo que ayudaría es que los alumnos comprendieran que la arquitectura es belleza, que esa belleza tiene un contenido social, y que se sientan con el impulso de querer crear cosas bellas para la gente, para las personas que van a habitar esas cosas bellas, que es lo que hicieron los grandes maestros, porque nadie se propuso edificar monumentos, sino que la gente pedía que construyeran una iglesia que fuera buena y bien diseñada, y los maestros la construían así”.

Él dijo también que es importante para los futuros arquitectos conocer paso a paso cómo construyeron sus obras los grandes arquitectos, que aprendan de sus errores, de sus tropiezos, de sus logros, no sólo que conozcan el producto terminado, porque “hay que llorar mientras se crea para ser buenos arquitectos”.

En la entrevista, R. Segre criticó los sistemas de enseñanza que privan en muchas universidades actuales, dónde sólo se enseña a los jóvenes a ser arquitectos cuando también hacen falta diseñadores, constructores, investigadores, planificadores, gente que escriba y especialistas en distintas áreas. “Falta una integración lógica. El alumno sale de una clase de historia, de allí se va a otra de técnica; sale de hormigón armado y entra a dibujar. Es absurdo. Esa enseñanza académica del siglo XIX ya no tiene más vigencia. Hay que enseñar de otra manera, algo que desgraciadamente no es tan fácil porque habría que integrar a los profesores, hacer equipos. Es todo un sistema que tiene que ser completamente nuevo, y es muy difícil porque todo es burocrático, hay todo un sistema académico rígido en el que no se pueden echar fuera a los profesores malos”.

Para terminar, dijo que “el alumno no puede pretender llegar a ser grande. El alumno no se puede proponer como objetivo de su vida llegar a ser como Le corbusier. La gente que llega a ser grande es por el talento. Si se tiene talento se llega, y si no, no, porque la arquitectura es la expresión del talento y la creatividad.