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Alejandra Sutil




Llevo algun tiempo escribiendome con Alejandra. Ella, una gran apasionada de la arquitectura, conecto a traves de mi blog Jmmag y pudimos mantener una entrecortada serie de emails y alguna que otra sesión de chats.
Mi conexion con la arquitectura y mi pasion por el proyecto no me vino de mis 25 años en el sector de la construccion sino de mi experiencia en India y en la relación que mantuve con una legión de arquitectos que impulsaban proyectos de desarrollo. A partir de ahí y viendo que con un proyecto pensado y prototipado se podía hacer mucho bien a una comunidad y que el efecto inmediato de dicho éxito podía ser imitado en comunidades cercanas.
Hoy nuevamente Alejandra me trae inspiración. Y es que me remite una redacción bella de su introducción en el voluntariado social y su colaboración con grupos desfavorecidos a través de ONGs con las que colabora y que un buen día descubrió tras pasar ese puente que dentro de la insolencia que muchos no vemos nunca.

De Alejandra Sutil 12/9/09

Puentes de Conexión

No tenía ni aliento para un suspiro, ni puerta donde escapar, ni ventana donde saltar, todo, absolutamente todo estaba oscuro y denso. La vida me dolía hasta escocer. Tenía treinta años y sentía que mis pies no se afianzaban en un mundo en tinieblas, necesitaba huir iluminar mi camino, mi luz y mi guía se había apagado en un fogonazo cruel y despiadado. La mano amiga, la mano protectora, la mano cálida, me había soltado, y me quedé atrapada en las cuerdas de la libertad. No sabía el camino que debía coger. Vagué por un mundo de luces de neón, frenética y embrutecida, Cada día las mismas caricaturas sin nombres ni colores, a dentelladas quería quitarme la soledad y el frío de mi corazón, el ruido estridente de la música y el parpadeo de las luces de colores, apagaba mi grito. Tenía la seguridad que había cogido una senda equivocada – Tenía todo lo que era, y tenía solo eso – Serra Estellés. Hoy sé que, el destino tiende unos puentes de conexión, y ese puente tardé diez años en cruzarlo, porque… Un día, sentí que en medio de aquellas caricaturas, alguien me miraba y me decía, Ven, cerré los ojos y comencé e ver, tapé mis oídos y comencé a oír, toqué unos rizos, y comencé a sentir que otra música se instalaba en mis sentidos, tenía voz, tenía nombre, tenía color. Sentí que volvía a pisar suelo firme, Puse alas a mis emociones aletargadas y empezaron a revolotear, y me dejé balancear, me dejé llevar.

Caminamos por un camino con olores a tomillo, romero, hierbabuena… Viví un sueño al que no quise nunca darle nombre, ese sueño no tenía futuro, no tenía continuidad, era, es, un sueño imposible, pero hubo tanta belleza, tanta verdad, que sin necesidad de decirnos adiós, sabíamos que debíamos separarnos. Y de nuevo, otro puente se tendía bajo mis pies. Había una diferencia importante, esta experiencia había sido constructiva, bellísima, me despertó a un mundo de ilusiones, de ganas de vivir, de deseos de aprender, de ser útil, miré a mi alrededor y descubrí que había mucho por hacer, por tanto, aunque todo estaba igual de mal, yo estaba bien, tenía fuerzas para luchar, para emprender un camino sabiendo donde iba, y que hacer.

Descubrí otro mundo donde entregar mi amor, descubrí que entregando amor y ternura a quien más lo necesita, yo estaba recibiendo amor, diferente, pero llenaba mi corazón y mi vida, al mismo tiempo que era de utilidad para una sociedad marginada, una sociedad abandonada a meced de la droga, descubrí que había una sociedad anciana, que necesitaba compañía, descubrí que había enfermos solos, sucios, y sin apenas poderse alimentar, descubrí que, había que denunciar estos casos a la asistencia social, tenía que implicarme, y lo hice, me empleé a fondo por todos ellos, y ellos me dieron la razón de mi vida, la llenaron de hermosos paisajes, esto es recibir el amor en estado puro. Ahora pienso que nada pasa porque sí, todo tiene un porqué, ahora pienso que si yo no hubiese atravesado, aquel puente de luces de neón, no habría conocido a esa gran persona que fue mi pigmalion, si no hubiese tenido la sensatez de alejarme de un amor que sabía imposible, si no hubiese, sabido atravesar ese segundo puente con decisión y fuerza, mi vida no estaría llena de hermosos pasajes, no habría sentido la emoción, la satisfacción indescriptible de dar calidad de vida y calidad de muerte a esos chicos que habrían muerto, con la jeringa puesta, en la calle o en el lavabo de algún bar. No es tarea fácil, pero tampoco imposible. Pensé que con uno de los chicos que aparté de la droga es suficiente para sentir que mi trabajo no a sido inútil, con un solo de los chicos a los que pude dar un beso a la hora de su muerte, apretarle una mano y decirle, no estas solo, es suficiente para justificar mi esfuerzo, calidad de vida y calidad de muerte es a lo que todos tenemos derecho.